Los Olivos en 1968, cuando, todavía no era Puerto Ordaz

sábado, 14 de febrero de 2026

Los carnavales de la infancia en Los Olivos


Hablar de los carnavales en Los Olivos es evocar, en primer lugar, el famoso Olibonche: aquel fiestón organizado en los años 70 con toda la fastuosidad característica de esas fechas, junto a los placeres —bondadosos o pecaminosos— propios del Carnaval. Sin embargo, a la par de esas celebraciones de adultos, coexistían los carnavales escolares, con actos culturales y disfraces que poblaban la fantasía de los niños y, con frecuencia, la de sus padres.


Junto a los grandes festejos, se organizaban los actos en el colegio Yocoima con niños que aún no alcanzaban esa edad donde las "maldades humanas" contaminan la existencia. Hay quien sostiene, incluso, que el primer carnaval celebrado en Los Olivos fue precisamente el escolar. No deseo caer en el pecado del "pionerismo" —esa obsesión  por descifrar quién fue el primer que llegó a la vida guayanesa—; simplemente quiero destacar que, revisando un álbum de fotos, me reencontré con imágenes de aquellos días infantiles. En ellas se aprecia el colegio organizando la elección de su reinita, los disfraces de los alumnos y el acto celebrado en el pequeño auditorio de la escuela.


Las fantasías de la infancia se vivían con mayor intensidad en carnaval, aunque casi todo se reducía a la travesura de jugar con agua o a disfrazarse imitando a los héroes del cine o de los cuentos de aventura. Ese era el único entretenimiento en la ciudad de los años 60, especialmente en una urbanización alejada del centro poblado, donde no existía más comunicación humana que el contacto vecinal.

 

Ahora, los más pequeños están conectados al mundo gracias a las tabletas y los teléfonos. En aquellos días, todo se limitaba a la familia, los compañeros de escuela y los amigos del barrio. Era una manera muy diferente de vivir. Algunos la añoran, argumentando que, si bien no había tanto progreso ni conocimiento, tampoco existían las grandes preocupaciones que agobian a la gente hoy. Por eso, los viejos carnavales tenían un sabor diferente: para muchos, eran el único refugio para desconectarse, aunque fuera momentáneamente, de las amarguras de la vida.

 



viernes, 6 de febrero de 2026

La historia de la iglesia de Los Olivos

Dedicatoria

"Para que el tiempo no borre lo que la fe ha edificado."

 

El libro no es solo una crónica de ladrillos y cemento; es el alma de una comunidad que se negó a olvidar. A través de estas páginas, la Parroquia Nuestra Señora de Coromoto de Los Olivos recupera su voz, desde los humildes días La capilla  del Yocoima, pasando por el "Rancho de Dios" hasta la majestuosidad de su consagración actual. Un testimonio vivo para que las generaciones futuras comprendan que su historia comenzó en la entrega de quienes nos precedieron.

 

 

El libro sobre la historia de la parroquia Nuestra Señora de Coromoto de Los Olivos ya es una realidad y, dentro de poco, llegará a manos de los feligreses. Este proyecto fue el fruto de un trabajo de aproximadamente seis meses, en los que se recopilaron numerosos testimonios de los protagonistas de esta crónica, ademas de fotografías e importantes documentos.

Al revisar el índice, nos encontramos con un mensaje de Monseñor Carlos Cabezas y una introducción sobre el significado del jubileo parroquial. Posteriormente, el relato se desarrolla cronológicamente: desde la capilla del Yocoima hasta el "Rancho de Dios", continuando con las crónicas de la remodelación, la construcción del campanario y la consagración del templo, para  concluir con la realidad actual de la parroquia en el siglo XXI.

El libro recoge información invaluable sobre el significado de la fe católica, no solo en Los Olivos, sino en toda la ciudad. Obispos, párrocos y laicos comprometidos, aparecen en sus páginas, dedicando un capítulo muy especial al legado del Padre Santiago Ollaquindia.

Estas líneas se quedan cortas para describir la importancia de esta obra e inclusive, lo escrito es solo la “punta de iceberg”de números  testimonios que muchas veces prefirieron el anonimato. Es la primera vez que nuestra comunidad decide rescatar su memoria para que —en tiempos donde todo pasa rápido y se imponen las reglas del olvido— la gente de hoy y las generaciones venideras tengan un testimonio fiel de los orígenes de la fe en nuestro sector.

Es fundamental destacar que el verdadero protagonista del libro es la historia de la parroquia contada por su gente. No se trata de un simple listado de nombres donde quepa el reclamo de quién falta o quién sobra. Tampoco es solo la crónica de una construcción civil o de la urbanización como tal; es, sencillamente, el esfuerzo por documentar la vivencia de la fe en esta comunidad. Para quienes trabajaron en ella, esta labor se convirtió en una especie de trinchera para resistir al nihilismo y al at 6veísmo contemporáneo que, con frecuencia, amenaza los espacios donde la fe aún permanece viva.