Aunque hoy vemos pasillos llenos y estantes modernos, la historia comenzó de una forma mucho más íntima. En los años 60, era apenas un pequeño local levantado en el patio de una casa familiar. Los vecinos no tardaron en bautizarlo con cariño como «El abasto de Ismandi», en referencia a uno de sus dueños.
No era, desde luego, un supermercado tal como los conocemos ahora; era más bien un poco más que una bodega, pero tenía una magia especial. Desde aquellos primeros días, se convirtió en el corazón del vecindario y en el centro oficial de tertulias cotidianas, principalmente de las amas de casa… un rincón que mi abuela, como tantos otros en la zona, convirtió en su parada obligatoria de cada día.
Más adelante, el establecimiento evolucionó para ofrecer no solo víveres, sino también panadería y una acogedora cafetería. Allí, los vecinos pueden disfrutar de buena comida rápida —pizzas, shawarmas, cachitos, empanadas y jugos— mientras comparten una amena tertulia. Asi es en la actualidad Mosayco
El sector está recobrando vida y sería bueno que, para rescatar el ambiente del pasado, Las autoridades competentes arreglen la calle y el alumbrado público para dar un poco más de alegría a quienes quieren disfrutar de una caminata nocturna.


